viernes, 1 de marzo de 2019



RELATOS

Otro tema de actualidad a través de un nuevo relato de SAMUEL YAGO ABRIL , 1º ESO B.
         
Ante mí se alzaba un tren, parecía estar abollado y polvoriento, pero este era el tren que me llevaría, que me sacaría de Londres casi a rastras. Era incapaz de irme, incapaz de hacer algo diferente. Siempre fui un hombre excesivamente sedentario.

Y por esto me quedé inmóvil frente a éste tren. No podía irme, y tampoco pude quedarme. Hice algunos amagos de poner un pie, o quizás los dos, en el tren.
Sigo pensando que fue, en verdad el viento quien me empujó y me llevó al tren. Apoyado, en la ventana, me dediqué a observar lo último que vería de mi país. Aprecié los detalles, aprecié cada patrón en la estructura de estos singulares edificios, cada combinación de color, cada contraste de altura. Unos más altos, los otros, chatos y algunos rascacielos, y entre ellos, el Big Ben, junto al parlamento. Fue en estos escasos segundos, en los que pude sentirme verdaderamente orgulloso de haber nacido en el seno de una familia inglesa, y de haber jugado, reído, trabajado en sus calles. Pero, pensándolo bien, fue mi país el que me sacó. Fue la decisión de la mayoría de ciudadanos en Gran Bretaña. Y era yo, el que se iba, quién sabe dónde, con la empresa que todavía quería ser europea. Al parar en una estación en Bristol, mi jefe ya me esperaba, con su característica mirada apática. 

-Llegas tarde.

-Sí, lo siento... Estuve almorzando, y he salido de los últimos del tren, el gentío no me dejaba salir antes.- Carraspeé, y subió una ceja, me miró con desdén.

-Pero llegas tarde.- Concluyó. Y tras una pausa, me habló de nuevo.

-Nos vamos a París. Como sabrás, no podemos quedarnos en un futuro Reino Unido no europeo, y según mis cálculos, en París podemos hacer mucho dinero. Tú y tus compañeros os buscaréis un piso en París, mejor cerca del Louvre, y haremos dinero. 

Se repitió esta última frase,satisfecho un par de veces, haciéndonos entender lo que de verdad le importaba. 
No me acuerdo de cuánto tiempo pasó, incluso yo trabajaba ya en otro país. sólo me acuerdo de que yo me veía en un problema, el del dinero, pues estaba en apuros y necesitaba un sueldo con el que adaptarme a los precios del país. Este que cada mes me lleva a pensar que es incluso ridículo vivir de un trozo de papel, y por éste trozo de papel, dejé a mi familia y a mi país, y todavía pienso y todavía quiero pensar que fue sólo el viento, el que me adentró en el tren.


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