lunes, 27 de noviembre de 2017


             Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer


Este viernes se ha recordado en nuestro centro que el sábado, 25 de noviembre, era el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Las profesoras Ma Luisa Juárez y Ma Carmen Lorente coordinaron diversas actividades para concienciar sobre la importancia de este objetivo, que debe implicarnos a tod@s.

A la Revista han llegado algunos relatos sobre este tema, como el que presentamos ahora, cuya autora prefiere quedar en el anonimato.

Un pequeño cuento

Esta es la historia de una mujer. Una mujer ni joven ni vieja. Una mujer independiente que un día de enamoró profundamente de un desconocido de traje y se fue a vivir con él. Tras dos meses viviendo juntos, se casaron y se mudaron a una gran casa con jardín.

Una noche, su entonces marido regresó de una noche de fiesta con sus amigos y le regaló una gran joya que destacaba en su piel oscura. La mujer quedó tan sorprendida que la aceptó con apenas un murmullo. Sin embargo, le parecía muy ostentosa, así que cuando salía a la calle la tapaba con una simple bufanda de lana.

Durante los siguientes días, él le siguió regalando joyas brillantes. La mujer las llevaba siempre puestas, aunque ahora las tapaba con un gran abrigo cuando iba fuera de su casa, pues era muy tímida y tenía miedo de llamar la atención. No obstante, en su casa no las ocultaba, pues a su marido le gustaba verlas en ella y, en ocasiones, ella misma se quedaba largo tiempo delante del espejo mirándolas cuando estaba sola en su cuarto.

Los días se hicieron meses y ella empezó a sentirse incómoda con tantas joyas, pero ahora no se atrevía a decírselo a su marido y las aceptaba sin protestar y con una pequeña sonrisa.
Una tarde de verano tuvieron una gran pelea. La causa de la pelea no era un asunto muy importante, pero a la mujer le entró tanto miedo que salió corriendo por la puerta principal sin coger su ahora inseparable abrigo.

Cuando ya iba por la mitad del jardín hacia la salida, escuchó los gritos de su marido detrás de ella y, al girar la cabeza, las joyas se le engancharon en un árbol y cayó al suelo. Bien estuvo a punto de dejar que su marido la alcanzara, pero al levantar la cabeza y ver que apenas faltaban dos metros para salir, se levantó y siguió su camino medio corriendo medio cojeando. Sin embargo, cuando levantó la mano para abrir la verja del jardín, escuchó la voz de su marido detrás suya, que le pedía que volviera y le pedía disculpas.

La mujer estuvo tentada de hacerlo pero en lugar de eso, abrió la verja, salió a la calle y la volvió a cerrar a sus espaldas. Cuando salió a la calle, la luz del sol se reflejó en las joyas que llevaba y ella se dejó caer al suelo, exhausta. La gente pasaba por las calles y la veía allí, sentada junto a la verja y ella notaba que la juzgaban y se sentía avergonzada por ello. 

Cuando las miradas se volvieron imposibles de sostener, empezó a levantarse para volver a la casa, pero un grupo de gente que pasaba por allí la detuvo y le empezaron a quitarle las joyas, que allí donde habían estado dejaban una marca. La mujer se percató de que algunas personas de ese grupo también tenían esas marcas. Una vez hubieron terminado, la ayudaron a levantarse y la mujer se dejó envolver en ese abrazo protector que le daban y, sintiéndose libre y segura, sonrió, posiblemente, la primera sonrisa en mucho tiempo.


Verónica P.

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