martes, 28 de marzo de 2017

Continuación del mito de "El desafío de Aracne"

Pablo Escobar, 1º ESO D

Este es un posible final para la historia de “El Desafío de Aracne”, un mito griego que narra la historia de la hija de Idmón, un rey. Ésta, cuyo nombre era Aracne, desafió a Atenea en un duelo de tejedoras. Aracne se creía mejor que Atenea y ésta transformó a Aracne en una araña por su arrogancia.
Posible continuación: La venganza de Idmón.

                Al enterarse el rey Idmón, padre de Aracne, de que su hija había sido transformada en araña por parte de la mismísima Atenea, se sintió muy solo pues su hija era lo único que le quedaba. Se encerró en su castillo y con los años se fue volviendo loco y fue desarrollando un odio implacable contra Atenea. Ella le había salvado la vida a Aracne, pero Idmón sólo se fijaba en que su hija había sido transformada en insecto.
Al cabo de tres años, el pueblo se dio cuenta de que el rey no había salido de su castillo y decidieron escoger a un nuevo rey. Recordaron hechos como el de Edipo y observaron que quien cometiese un acto heroico y demostrase su fuerza, sabiduría y valor en una prueba legendaria sería rey. Esto llamó la atención de Zeus, el rey del Olimpo, hogar de los dioses, que bajó a la tierra a retar a la ciudad.
Mientras tanto, Idmón, refugiado en la oscuridad tres años, perdió prácticamente el sentido de la vista y, cuando uno de sus consejeros le dijo que un dios había bajado a la ciudad, Idmón pensó que era Atenea y se armó para matarla por lo que le hizo a su hija.

Zeus, jubiloso, reunía las propuestas de los ciudadanos para la gran prueba. Pero su júbilo acabó cuando vio bajar a Idmón, que gritó:

            -¿Estás preparando quién será el rey? ¡Yo soy el rey!
-Idmón, estás cegado por tu locura y tristeza. No estás en condiciones para reinar—Le contestó Zeus, rey de los dioses.
Idmón, que no veía nada, confundió a Zeus con Atenea y le cortó una mano, furioso.
-¿Qué eres sin tu habilidad para tejer? ¡¡Nada!! Sólo conservas tu don para creerte mejor que la gente—gritó desafiante a Zeus—¡Vete antes de que te corte el resto de miembros!

Del brazo de Zeus no manó sangre, sino su mano regenerada. Empezó a flotar en el aire, los ojos se pusieron rojos y llamó a Poseidón, que haciendo caso a Zeus, usó su poder para hundir la ciudad bajo el agua, ahogando así a todo aquel que permaneciera en ella.


Más tarde, Zeus se dio cuenta de que se había dejado llevar por su ira, una vez más, y revivió a todo el mundo excepto a Idmón, que se hundió junto a su ciudad por intentar matar a Zeus, el rey de los dioses.      

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