lunes, 27 de febrero de 2017

Aquella profesora

Ana Molina, 1º ESO A

Voy  a dedicar este capítulo de mi biografía a la mejor profesora que he tenido hasta el momento. Se llama Elvira Pérez, es de Bullas y tuve la suerte de que me diera clase en 3º, 4º, 5º y 6º de primaria, cuatro años en total. Se jubiló el año pasado, justo cuando nos fuimos del colegio, fuimos su último curso.

Elvira siempre ha sido guapa a mis ojos. Tenía el cabello por los hombros, de un moreno no muy oscuro y los ojos de color verde esmeralda. Llevaba gafas y no era muy alta. Era sabia y culta, siempre interesada en las noticias, la literatura y los nuevos descubrimientos. Me encantaba cuando nos contaba historias antiguas, de mitología y que, a la vez, contribuían a nuestra sabiduría. Siempre tuvo tiempo para juegos y teatros, otra de las cosas por la que esta redacción va dedicada a ella. 

Los teatros que hicimos con ella siempre fueron motivo de nuestro ánimo. Durante nuestros últimos tres años de colegio representamos tres obras, una por curso, que interpretábamos cada curso nada menos que en el Centro Cultural de Santiago y Zaraiche.

A pesar de todos estos entretenimientos, nunca descuidó nuestra formación académica. Mi actividad favorita (fuera de los teatros e historietas) eran las redacciones que nos mandaba hacer todas las semanas. No eran como estas, sino que nos daba unas líneas y a partir de ahí, cada uno se inventaba una historia. Era muy divertido y todas las semanas dedicábamos un rato de la clase de Lengua a leer un par de redacciones. Elvira nos enseñó a escribir de una manera elegante y atractiva. 

Dedico este capítulo a Elvira porque con ella aprendí a aprender de todo y de todos, incluso de mí misma y de mis errores, y porque gracias a ella, hoy sé que quiero dedicarme a la enseñanza, y eso es todo un logro.
                                                                    

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