lunes, 26 de septiembre de 2016

Mi llegada al instituto. Una historia muy divertida

Pablo Escobar, 1º ESO D

Anoche no me podía dormir. Faltaban unas horas para el primer día de instituto y tenía que madrugar a lo grande. Conocía un poco la entrada, a la directora y la jefa de estudios, y recordaba el aspecto de mi nueva tutora por el día de la presentación inicial y la obra de teatro en inglés que realizamos aquí el año pasado. Pero el resto del centro me era totalmente desconocido. El día de la presentación fue el jueves pasado, allí asignaron las clases, la tutora, y presentaron a otros miembros del centro. No me tocó con ningún amigo, pero hoy iba a conocer a alguien majo.

Un amigo con el que tengo mucha confianza iba a mi clase el año pasado y ahora va a 1ºA (por cierto, yo voy a 1ºD) pero seguimos yendo juntos desde mi casa al instituto. El caso es que esta mañana -la del primer día- salí a las 7:50 para llegar a su portal a las 7:55, y estar en el centro a las 8:05 con el fin de no presentarnos tarde. Al llegar al jardín de enfrente, no vimos a nadie, “Pues sí que hemos llegado pronto”, pensé, pues, para la gente que no me conozca, no suelo llegar antes de tiempo. Al entrar, salió una mujer con pinta de estar ajetreada que pude reconocer como la secretaria, a la que pregunté:

-¿Cuándo empiezan las clases?
-A las 10:15

Buah… Esa no me la esperaba, pero explica el que no hubiese nadie en la puerta…

-¿Y dónde podemos esperar?-preguntó mi amigo
-Afuera o en el patio-respondió la secretaria, y siguió con su trabajo.

Decidimos salir fuera.

Lo bueno es que habíamos llegado más pronto que nunca, lo malo… ¡Que faltaban dos horas para que empezase el Instituto!. Descubrí que no era bueno porque realmente tenía ganas de que empezase el instituto. Como nos hallábamos en situación de vida o muerte revisamos "nuestras opciones profesionales".

-Colega, ¿podemos ir a tu casa?-pregunté
-No, no hay nadie- contestó- ¿Y a la tuya?
-Faltan dos horas para que empiece clase y tardamos X en volver así que menos la futura ida y vuelta y el rato que llevamos aquí perdiendo… Tendríamos una hora. Pero no podríamos.
-¿Por?
-Mi padre trabaja hoy, nadie nos abriría la puerta.


Tras cinco largos minutos decidimos volver e ir al patio, pero al llegar encontramos un par de personas que también se habían equivocado de hora. Tras revisar otra vez nuestras "opciones profesionales" decidimos pasar de ellos. Estuvimos merodeando por el patio hasta que a las 8:45; cuando quedaba una hora y media para que empezara nuestra primera clase, nuestro instinto de supervivencia nos obligó a relacionarnos con alguien. Encontramos un chico que de hecho iba a mi clase, que tras charlar, me acabó cayendo bien. Al final, me hice amigo suyo y ya pasamos a ser tres despistados que tenían que sobrevivir una hora y media más. Más tarde, cuando solo quedaba media hora y había más gente, nos vino a los tres la normal necesidad de ir al baño. Que es normal. Y fuimos al gran mapa a buscar el baño más cercano. Lo encontramos. Adelante a la izquierda había un reluciente aseo. Y fuimos hacia allá. Solo encontramos un baño de señoras. Mis dos amigos se rindieron. Yo avancé. Había otra puerta. No aparecía ningún letrero. Hipótesis: ese baño daba mal rollo. Moví el pomo pero no se abría. “Tal vez alguien haya echado el pestillo”. Llamé a la puerta. Nada. Pegué la cabeza y oí tres golpes que venían desde dentro. Salí pitando. Asegurado: ese baño da muy mal rollo.

Cuando volví, mis dos amigos se metieron en el pasillo pensando que había encontrado un baño y no les pude decir nada, pues ya se habían ido. Pensé que los había perdido ya para siempre… A los tres minutos volvieron. Habían encontrado el baño del mal rollo y también habían sobrevivido. Pronto añadimos la posibilidad de que hubiese alguien todo el rato con el pestillo puesto y nos tranquilizamos. Subimos al piso de arriba porque ya no nos aguantábamos y encontramos un baño. Al salir, me fijé en que las puertas no tenían pestillo. Luego empezaron lar clases. El chaval al que había conocido hoy se sentó al lado mío y la tutora que es también la profe de inglés nos ha dado el horario. Luego vinieron los profesores de mates, lengua y arte, y por último, la hora de irse. 

Me fui feliz a mi casa, con una redacción muy entretenida por parte de la profesora de lengua, e ilusión, pues tengo expectativas para este curso.



No hay comentarios:

Publicar un comentario