jueves, 28 de abril de 2016

The Penn Club, Madrid, 1616

Paula, Inmaculada y Pastora, 1º Bachillerato A

El 22 de abril de 1616, “EL Penn Club”, celebró una asamblea en Madrid, a la que acudieron algunas de las figuras literarias más significativas de la época. El objetivo de esta reunión era compartir y divulgar todas las corrientes europeas cultivadas por autores como: Lope de Vega, Shakespeare, Cervantes, Tirso de Molina, Góngora, Quevedo…
Se hallaban todos expectantes de la llegada de Góngora. Tras la cual, Cervantes se puso en pie y dijo:

Aquel que tiene de escribir la llave,
con gracia y agudeza en tanto estremo,
que su ygual en el orbe no se sabe

es don Luis de Góngora, a quien temo
agraviar en mis cortas alabanças,
aunque las suba al grado más supremo.


A esto, Góngora no supo responder otra cosa que : “ A pesar de agradecerle su cumplido, querido Cervantes, he de decir que mis poemas no siguen los ideales que desearía; puesto que el motivo por el cual los escribo es meramente económico, ya que en mi opinión autores anteriores a mí han escrito siguiendo el perfeccionismo grecolatino en lugar de la exuberancia demandada actualmente.”
 
-Siento decir que el género que considero más cercano para el pueblo es el teatro, en lugar de la poesía –dijo Shakespeare- ya que nosotros, los dramaturgos, escribimos para un público sin tener en cuenta el nivel social o cultural que tenga. Para ello, les hacemos llegar obras basadas en ideales clásicos facilitando su comprensión con el lenguaje corporal y su representación. Creo que estoy en lo cierto cuando afirmo que mi compañero Cervantes, quien ha experimentado con numerosas formas de expresión, estará de acuerdo en que esta es la única manera de llegar al pueblo.

-Personalmente pienso que ningún género debería ser discriminado, ya que de cada uno de ellos podemos extraer bellas características que realzan sendos sentimientos. Además todos los aquí presentes hemos conseguido destacar sin importar la forma en la que escribimos-afirmó Cervantes.

-Sinceramente, no creo que esté en lo cierto, ya que todas sus obras se basan en fallidos intentos de llegar al éxito recorriendo todas las categorías literarias -replicó Shakespeare-. Permítame decirle que la única obra que puede acercarle a ser comparado con los autores de esta sala sería, en cualquier caso, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, la cual considero demasiado mediocre en relación con obras teatrales como Hamlet, OteloMacbeth. Estas serán recordadas en un futuro y se intentarán imitar en la posteridad, a diferencia de tus creaciones.

-¿De verdad piensan, amigos míos, que todos los aquí presentes superan en calidad literaria a don Miguel de Cervantes? Les puedo decir con certeza que esta afirmación es falsa, y estoy tan seguro de ello como de que me llamo Luis de Góngora y Argote, ¿no es así, mi querido Francisco?

-¡Qué desfachatez! En primer lugar, no se atribuya usted el derecho de llamarme “querido” ya que siendo solamente cero, le multiplica y parte por entero todo buen abaquista veneciano.- respondió Quevedo

-Anacreonte español, no hay quien os tope, ¿y en segundo lugar?- replicó Góngora

-En segundo lugar- contestó insolentemente Quevedo- no se crea un experto en la materia ya que sus obras carecen de brillantez, ni capaz de menospreciar las de los demás ya que las suyas dejan mucho que desear.

-¡Dios me libre de enemistades de amigos! – exclamó inesperadamente Lope de Vega.

-Coincido con usted- argumentó Cervantes- el propósito de esta reunión no era resucitar conflictos, sino poner en común nuestras opiniones y técnicas. Respecto a lo anteriormente dicho, William, considero que si mis obras no tuvieran ningún prestigio, nadie habría intentado seguir mis pasos con una falsa continuación de la primera parte de mi obra maestra.  Además, a diferencia de usted, creo innovación.

-¿Acaso no cree usted que lo que importa es la calidad más que la innovación?- preguntó Shakespeare molestamente- Mis dotes son saber llegar al público y conservar la perfección de los autores clásicos aun sin copiarlos. Esto es lo que entiendo yo por talento. Además, mis oyentes son capaces de captar la intención de lo que escribo, al contrario que usted, señor Cervantes; cuya obra más importante fue entendida como una simple parodia intrascendente, sin tener en cuenta las demás intenciones que usted tuvo al escribirla.

-Posiblemente, la calidad no se encuentre en la imitación de los clásicos, por muy perfectos que sean, sino en una creación innovadora que trate temas sociales mediante digresiones y por supuesto, saber enlazarlas con la trama principal.
En cuanto a la falta de percepción de mi obra, considero que es inexistente, ya que la primera parte fue acogida con un enorme éxito. Esto no hubiera ocurrido si no hubiera sido entendida.
Por cierto, parece ser que lo único que imita usted no son los clásicos, puesto que su obra “La historia de Cardenio” es una clara imitación al personaje que yo cree en El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Por tanto, si considera que la innovación es de poca calidad, ¿por qué imita a un autor innovador?

-Como anteriormente ha dicho, señor Cervantes, el propósito de esta reunión no era resucitar antiguos conflictos, por lo tanto, cuando ustedes sean capaces de comportarse como adultos, volveré – dijo Tirso de Molina.

-Nosotros igual- opinaron los demás.

-Y usted, Cervantes, debería llevar cuidado con qué dice o hace –aconsejó Quevedo-  ya que estoy seguro de que no le gustaría volver a la cárcel.

-¿Y cuál fue el motivo de su estancia en la cárcel?- preguntó Shakespeare.

-Lo sabe perfectamente – replicó Cervantes- y también sabe que fui inocente, puesto que alguien colocó el cadáver en la puerta de mi casa.

-Ahora que nos encontramos usted y yo solos- declaró repentinamente Shakespeare-, puedo hacerle una confesión: tras la pelea que tuve en una taberna con un hombre que me comparó con usted diciendo que me supera en todos los aspectos; llegamos a las manos, y una cosa llegó a la otra, y debido a mi embriaguez, acabé matándolo. No supe qué hacer con el cadáver y decidí dejárselo en la puerta de su casa porque estaba muy enfurecido.

-¿Cómo se atreve usted a hacer eso? ¡Maldito bastardo!- dijo Cervantes enfurecido.

Seguidamente, Cervantes intenta estrangularlo. Tras una fuerte pelea, que no es digna de mencionar, hicieron las paces. Shakespeare, quién conocía el problema de la diabetes de Cervantes, le ofreció un café cargado de azúcar; Cervantes, inocentemente, lo aceptó. Esto le causó la muerte.

-No podía dejar que me delatara- dijo Shakespeare.

Tras este suceso, se dirigió a la taberna donde había empezado todo. Pasó toda la noche bebiendo solo, hasta el punto de no ser consciente de sus actos.
Era una noche muy fría y, al llegar a su casa de madrugada, se acostó a dormir con fiebre. No se volvió a despertar.


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