martes, 26 de abril de 2016

Que trata de lo acontecido en el encuentro entre Cervantes y Shakespeare

Marta, 1º Bachillerato A

CERVANTES.  Querido William.

SHAKESPEARE.  Miguel.

CERVANTES.  ¡Amistades que son ciertas nadie las puede turbar!

SHAKESPEARE.  Cuánta verdad encuentro en lo que decís. No ha mucho que nuestros países vivían enfrentados, y agora mírenos.

CERVANTES.  Desto que nombrades ha más de una década. Ligeras horas del ligero tiempo para mí perezosas y cansadas.

SHAKESPEARE.  ¿Tanto ha? El tiempo es muy lento para los que esperan, muy rápido para los que temen, muy largo para los que sufren, muy corto para los que gozan; pero para quienes aman, el tiempo es eternidad.

CERVANTES.  Según decís, vos parecéis ser de los que temen. ¿Es por eso que estamos aquí?
SHAKESPEARE.  No decís mal, amigo mío. Sin embargo, el motivo de la misiva y mi posterior visita no es otro que la curiosidad por veros, y el poder disfrutar de tan grata compañía por unos días.

CERVANTES.  Entiendo. Mas en vuestra última carta hacíaisme partícipe de numerosas desdichas que os preocupaban.

SHAKESPEARE.  Cierto es.

CERVANTES.  Venga, no seáis callado. De las miserias suele ser alivio una compañía.

SHAKESPEARE.  ¿Alivio? Cuando se empieza con estas confianzas el término está muy cercano.

CERVANTES.  Amigo, contra el callar no hay castigo ni respuesta. Contadme y os podré ayudar. ¿Es vuestro teatro lo que os tiene apesadumbrado?

SHAKESPEARE.  A buen seguro que sabedes que mi teatro, como vos decís, cayó entre las flamas. Y con él, todos los manuscritos que allí se encontraban.

CERVANTES.  A esto me refería cuando os preguntaba. Llegaron nuevas de lo acontecido en dichas tierras. ¡Qué desgracia! También quemada quedó vuestra comedia Cardenio, ¿no es así?


SHAKESPEARE.  No sabía que la conocierais.

CERVANTES.  Si sé della es por su relación con mi hidalgo don Quijote de la Mancha. El ver mucho y leer mucho aviva los ingenios de los hombres.

SHAKESPEARE.  Claro está. El aprendizaje es un simple apéndice de nosotros mismos, doquiera que estemos, está también nuestro aprendizaje. Y con esto, compañero, me declaro seguidor de vuestras grandes obras.

CERVANTES.  Me halagáis. De cualquier manera, no hay libro tan malo que no pueda hallarse en él alguna enseñanza.

SHAKESPEARE.  No os mostréis modesto conmigo, Miguel. Vos y yo sabemos de la dicha que os ha traído la ya nombrada obra.

CERVANTES. Verdad es. También desdichas, he de decir. Que no hará menester que os hable del tal Avellaneda, que dícese autor de otro don Quijote.

SHAKESPEARE.  Algo oí desto que decís. ¿También encontramos en él alguna clase de enseñanza?

CERVANTES.  No tanto de la obra, mas del autor. Que donde reina la envidia no puede vivir la virtud ni donde hay escasez de libertades.

SHAKESPEARE.  ¿Es pues, virtud, lo que falta al autor?

CERVANTES.  Y sátiras lo que le sobran.

SHAKESPEARE. Ya conocéis el dicho, amigo: presta el oído a todos y a pocos la voz.

CERVANTES.  El refrán que no viene a propósito, antes es disparate que sentencia. Pero no nos desviemos, que ya hemos malgastado tiempo lanzando vituperios al de la parodia de mi obra.

SHAKESPEARE.  Como queráis.

CERVANTES.  Habladme, pues, de vuestras obras. Paresceme que todas ellas hablan de sentimientos del hombre. Miseria, amor y muerte.

SHAKESPEARE.  El hombre…, el hombre es complejo. ¡Cuántas veces los hombres son felices al borde de la muerte!

CERVANTES.  Sinceramente, me moriré de viejo y no acabaré de comprender al animal bípedo que llaman hombre, cada individuo es una variedad de su especie.

SHAKESPEARE.  Paresceme eso que decís palabra del hidalgo don Quijote. Va a ser cierto que encontramos parte del autor en lo que escribe.

CERVANTES.  Y a mí paresceme que habéis leído mi obra con el más sumo detenimiento; que aun agora os acordáis desto que una vez dijo el de la Triste Figura.

SHAKESPEARE.  Más que detenimiento, he de admitir. De igual manera, encuentro mucha verdad en eso que tanto vos como el personaje decís.

CERVANTES.  La hay, En el mundo, la senda de la virtud es muy estrecha; y el camino del vivio ancho y espacioso. Sólo unos pocos hacen lo correcto.

SHAKESPEARE.  ¿El mundo? ¡El mundo está desquiciado!  Vaya faena haber nacido yo para tener que arreglarlo.

CERVANTES.  A nuestros años, poco hay que podamos hacer, amigo mío. Es más, cada cual es hijo de sus obras.

SHAKESPEARE.  Cierto. El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros las jugamos. 

CERVANTES.  Por eso, al que hace el bien jamás le falta premio.

SHAKESPEARE. Vos hacéis el bien, mas la fortuna no os ha premiado.

CERVANTES.  ¿Por qué decís que no he sido premiado? ¿Acaso os parezco desgraciado?

SHAKESPEARE.  Primero manco, luego cautivo. Se dice que en las cosas humanas hay una marea que si se toma a tiempo conduce a la fortuna; para quien la deja pasar, el viaje de la vida se pierde en bajíos y desdichas.

CERVANTES.  ¿Bajíos y desdichas? Esta que llaman Fortuna, es una mujer borracha y antojadiza; y sobre todo ciega, y así no ve lo que hace, ni sabe a quien derriba.

SHAKESPEARE. De acuerdo. No os falta razón.

CERVANTES.  Y vos, ¿os sentís afortunado?

SHAKESPEARE.  Por supuesto.

CERVANTES.  En la misiva no lo parecíais.

SHAKESPEARE.  Como escritor, me resulta fácil el escribir sentimientos, mas no el decirlos a viva voz.

CERVANTES.  Claro está. Ya se sabe que la pluma es la lengua de la mente. También podríais escribir lo que os ocurre, y dejar que yo lo leyera después.

SHAKESPEARE.  Si no os importa, preferiría no tratar agora mis infortunios y desdichas. No quisiera apagar este tan alegre encuentro.

CERVANTES.  Por supuesto. De cualquier manera tenemos unos cuantos días para hablar, amigo. Y más vale una palabra a tiempo que cien a destiempo.

SHAKESPEARE.  ¿Y no eráis vos en que decíais que “En la lengua consisten los mayores daños de la vida humana”?

CERVANTES.  No tergiverséis con mis palabras. Es más, no creo que lo que tengáis que decirme pueda causar tales daños.

SHAKESPEARE.  Eso espero.

CERVANTES.  Y agora, querido William, ¿os parece que pasemos al comedor?  Tengo entendido que mi mujer ha preparado ya la comida.

SHAKESPEARE.  Pasemos entonces, me muero de hambre.

CERVANTES.  Para un inglés como vos, tal vez sea tarde para comer. Debe ser raro, ¿no?

SHAKESPEARE. Ser o no ser, esa es la cuestión.











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