lunes, 7 de diciembre de 2015

Competiciones de escalada de noviembre

Irene Riquelme, 2ºC de bachillerato

Nervios, miedo, tensión, desazón. Estas son algunas de las emociones que sentimos cada vez que nos enfrentamos a un nuevo reto. En la escalada, cada movimiento es un reto entre tú, tu capacidad y la pared. Es desalentador intentar algo y fallar constantemente: pierdes la ilusión, te sientes una persona minúscula alrededor de tanta gente y te inunda una agobiante sensación de incapacidad.
Afortunadamente, con los retos —y con la escalada también— sentimos otras emociones, como ímpetu, satisfacción, alegría o tranquilidad. Estos llegan en el momento en el que consigues reunir en un pequeño movimiento el ánimo, el aliento, la fuerza y la agilidad suficientes para superar el estancamiento. Alcanzas una nueva presa, tu cara esboza una sonrisa de complicidad contigo misma y lo que sucede a tu pequeño gran logro es tan insignificante que te paseas por la pared hasta alcanzar el top.
Todo esto y mucho más sentí yo cuando me enfrenté, junto a mis compañeros Chules, Mune, Uri y Juanjo, a las competiciones regionales de escalada de Murcia este noviembre.

Se celebraron dos: una el día 7 y otra el día 21. La primera, mi primera competición de escalada, tuvo lugar en un pequeño rocódromo de Puente Tocinos  llamado Planeta Roca. Al principio todo fue muy sencillo: nos dieron una camiseta, nuestro número y una hoja en la que tendríamos que apuntar los bloques que superáramos. Empezó. Todos los bloques tenían gran dificultad para mí, pero poco a poco algunos de los tops se encontraban con mi mano. Yo participé junto a mi compañero Juanjo en la categoría Sub-18 (jóvenes de entre 16 y 18 años), en la que ambos conseguimos el primer puesto y varios regalos, como una bolsa de magnesio, una colchoneta… Por otro lado, mis otros compañeros también destacaron en su categoría, Sub-16, con un 4º puesto para Chules y un 6º puesto para Uri.
La segunda tuvo lugar en Montaña Mágica, otro rocódromo situado cerca de la Escuela de Idiomas. Esta competición me sirvió para aprender dos cosas: no todo sale bien siempre (e incluso puede que nada salga bien), y, aun siendo así, hay que seguir intentándolo. En la clasificatoria no conseguía hacer nada bien, solo superé un bloque; volví a mi casa cabizbaja, pensando en no asistir a la prueba final. Por suerte, caída la tarde Iris me animó a ir, y se lo agradezco: aquella final me encantó. Lo hice mucho mejor de lo que podría haber esperado nunca, y llegué a mi casa absolutamente satisfecha: había superado lo más difícil de todo, ¡me había superado a mí misma! En cuanto a las clasificaciones, yo quedé 2ª en mi categoría, Juanjo 1º y, en Sub-16, Chules quedó 5º, seguido de Uri, quien consiguió el 6º puesto.
En definitiva, salvando altibajos, las competiciones fueron estupendas, disfruté muchísimo escalando tanto y cayendo aún más; pero, si algo resalto de esta experiencia, es el espíritu de prácticamente todas las personas que conocí allí: era un ambiente de superación, positivismo, compañerismo, cooperación y cercanía; gente que no había visto en mi vida me animaba como si nos conociésemos de toda la vida… Por lo que he descubierto hasta ahora de la escalada (y es poco, por lo que quizá me equivoque), esta se diferencia de otros deportes en una cosa: no parece haber ni rastro de competitividad si no es contra uno mismo.

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