martes, 10 de junio de 2014

Alma escrita

María Jesús P., 2º ESO B



Le escribo a la tierra,


por resistir y esperar.



Le escribo al agua,


por enseñarme a mutar mi realidad.



Le escribo a las plantas y árboles,


por darme paz y calma.



Le escribo a la llama y a la chispa,


por no desfallecer ni en el letargo.



Le escribo al viento,


por no dejarse doblegar.



Le escribo a las estrellas,


por guiar mi pluma en noches oscuras.



Le escribo al Sol, rey de los astros,


por que siempre está ahí, aún tras la nube gris.



Le escribo e la Luna,


por susurrarme mil misterios.



Le escribo a las sonrisas,


por ser contagiosas.



Le escribo a las lágrimas,


por limpiar los corazones.



Le escribo a los que triunfan,


por dar ejemplo.



Le escribo a los que fracasan,


para que no pierdan su brillo.



Le escribo a los que se rinden,


porque “tarde” es un punto de vista.



Le escribo a los que odian,


porque me dan pena.



Le escribo a los que aman,


por ser tan fuertes.






Y te escribo a ti, ángel sin alas,


porque, con tu simple existencia,


guías mis palabras


y haces florecer mis versos.



Mis palabras desamparadas


encuentran su refugio en tu alma.


Mis ideas desbocadas


con tu parda mirada se calman.



Tú eres mi verso y mi prosa.


Mi pluma y mi pergamino.


Mi espina y mi rosa.


Mi senda y mi destino.



Escribo como sangro,


como canto o bailo,


como lloro o sonrío.



Le escribo a todas las cosas,


porque la tinta de mis venas


jamás se agota, jamás se acaba.

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