domingo, 16 de febrero de 2014

Mi tía es poeta

Zaida, 1º ESO C


Zaida es actualmente bibliotecaria de la Universidad de Murcia pero además de su trabajo, tiene muchas aficiones, como la lectura, estar con su pequeño hijo, cuidar a todos sus animales, estar con su pareja y, entre otras cosas, escribir. Lleva escribiendo gran parte de su vida, comenzó a los doce años,  no es muy conocida pero se le da bien la escritura. Escribe prosa y verso. Zaida dice que escribir es la mejor manera de expresar sus sentimientos porque hablando le cuesta. Para mí es una gran poeta y mejor persona, porque simplemente es encantadora. Tiene cuarenta y nueve años y es mi tía.


He aquí un poema suyo premiado:                                                                                                                                                                                                                                     Premio 1º Poesía Facultad de Letras 2005.                                                        

Las cenizas de la Bounty     ( A Susana Fortes )


Hay libros que descansan


en rincones grises de la memoria.


Libros que agitan tiempos de silencio,


trazando adentro el mapa


de lo que imaginamos algún día


sin ser interpretado.


Hay libros que incitan sin imponer


mientras nos acarician las entrañas


con recuerdos antiguos que fueron minerales


antes de ser fuego.


Libros que invocan dioses


que la vida nos hizo destronar aunque


después sigamos adorándolos.


Hay libros que traicionan el instante


que estamos acunando y nos permiten


saborear felicidad o dolor


como un manjar perecedero y lúcido.


 Libros en los que cabe lo que fuimos y somos,


 como una misma cosa,


 sin la contradicción que antecede a los cambios.



Hay libros que jamás necesitan adjetivos,


no son tristes ni alegres,


ni profundos ni simples, son verdad.


Libros que permanecen y se instalan


entre la piel fugaz y los deseos,


pasando a formar parte del instinto



Hay libros que se clavan y que duelen,


que no pueden contarse


sin exponernos luego a quedarnos desnudos.


Libros que nos descubren desde un otero cómplice


con la aquiescencia audaz de la palabra.



Hay libros que nos unen mientras tejen


un lazo inquebrantable en la mirada.


Libros que ofrecen siempre


una grieta feliz para escapar


sin ser por ello nunca descubiertos.



Hay libros que emanan sufrimientos y nos despiertan,


desde esa obscenidad que toda muerte


confiere a la cordura.


Libros que acaso abrazan, besando sin pudor


la torpedad, la duda,


y auguran entre líneas de esperanza.






    



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