lunes, 10 de febrero de 2014

"Un lugar de ensueño", Pablo N. 1º ESO C

Pablo N. 1º ESO C


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Me desperté sobresaltado, estaba tumbado en la fina arena de una playa paradisíaca. Estaba solo.  El silencio y el ruido de las olas eran mis únicos amigos.


Me levanté con dolor de cabeza, pero al ver el paisaje se me fue de inmediato. Me encontraba en un paraíso natural. Playas vírgenes, selvas frondosas y alguna montaña. No sabía en qué parte del mundo estaba, ni siquiera sabía si estaba en el planeta Tierra. Aquella belleza me envolvió suavemente y me desmayé.


Al cabo de días, horas, meses, años, no me acuerdo, me desperté. Era de noche. Me levanté y me di un paseo por la playa. Cuando llevaba unos minutos paseando vi un camino que se adentraba en la oscura y frondosa selva. Por miedo a que me atacase alguna serpiente o animal peligroso, decidí dormir en la playa.  Como hacía buena temperatura no tuve que encender fuego para calentarme.


Me desperté al día siguiente con el sol deslumbrándome en los ojos. Antes de adentrarme en la selva, me di un baño en las transparentes aguas de ese gran océano.  Pesqué algún cangrejo para desayunar y arranqué un par de cañas para que me sirvieran como lanzas.


Una vez preparado, entré en la selva por ese cautivador y bonito camino. Ya en la selva, iba mirando hacia ambos lados, pero sólo veía plantas y algún que otro fruto. Al mirar hacia arriba, podía ver el sol y a los monos saltando de rama en rama.  Probé uno de los frutos que había en las plantas que estaban al borde del camino. Era un manjar delicioso y cautivador. Cogí un par de ellos y continué mi camino. Unas horas más tarde, llegué a un manantial de aguas cristalinas y transparentes. Bebí todo el agua que pude, estaba sediento.


Yo pensaba que aquel mundo de color y felicidad no podía ser real y que algún día tendría que desaparecer.  Me metí en las aguas frías del manantial y dejé que mi alma se fundiese con aquel lugar de ensueño.

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