sábado, 30 de noviembre de 2013

Defensa de la escuela pública vs defensa de mi escuela pública

José Hernández Franco


No se hace igual, no se defiende de igual forma la Escuela Pública como modelo educativo que se defiende una escuela pública, la del barrio, en la que trabajamos o en la que estudian nuestros hijos. Y en estos momentos las contradicciones personales en la defensa de ambas afloran por doquier. Podemos encontrarnos con furibundos defensores de la Escuela Pública que en la suya, en la que trabajan, estudian o tienen un hijo,  poco o nada hacen por ella y, en algunos casos, incluso de debilitan o denostan.


En algunos casos, el pago de la cuota de la Asociación de Madres y Padres de Alumnos (AMPA), es suficiente para padres y madres que se sienten exonerados de un mayor compromiso con esta colaboración. La cuota del AMPA actúa como una penitencia con capacidad de perdonar el pecado de no hacer más por la escuela de sus hijos. Con esa cuota y con los impuestos pagados es suficiente, no cabe pedir más; participar en el diseño, en las actividades, en la evaluación y en el control requiere dedicar tiempo y eso es pedir demasiado; de eso que se encargue el AMPA.


En otros casos podemos encontrarnos con defensores de la Escuela Pública que no desean,  no quieren o no se encuentran satisfechos con la escuela pública que tienen cerca de casa o que por otros motivos optan, legítimamente, por escolarizar a su prole en una concertada o en una privada. No es esperable que todos los defensores de la Escuela Pública opten siempre por una  de ellas; los padres y madres siempre elegirán para sus hijos aquella que puedan y consideren mejor escuela. Es de agradecer esta defensa a pesar de las desconfianzas que su decisión genera. Una cosa es la defensa pública de una opción ideológica y otra aplicar esa opción a nuestros hijos; es entendible y esperable esta contradicción.


Podemos encontrarnos con defensores de la Escuela Pública que trabajan en ella pero que ante los recortes salariales realizados optan por convertirse en asalariados cabreados y responden con la misma moneda: me rebajas el salario, me incrementas el horario, no esperes que trabaje igual, no diseño ni participo en actividades complementarias, no me involucro en planes de mejora, no le hago el juego a la Administración y sólo cumplo con lo estricta y legalmente exigible; estos suelen ser algunos de las discursos esgrimidas para justificar desentenderse de la responsabilidad en funcionamiento de la escuela pública en la que trabajan; los recortes salariales son, esta vez, los que exoneran a estos trabajadores de una escuela pública de su responsabilidad con los resultados. En algunos casos puede parecer que, incluso, lo estaban esperando, que deseaban tener un motivo para abandonar la escuela tan solo en manos de los patrones públicos.


Pero también hay defensores de la Escuela Pública que protestan cuando ésta es debilitada o atacada y que pese a ver reducido su salario, incrementadas sus horas de clase, penalizados económicamente los raros días de baja por enfermedad y reducidas sus futuras pensiones, pese a todo ello, emprenden o mantienen cada año proyectos de mejora, innovaciones o actividades de enseñanza aprendizaje que nadie les impone, de forma voluntaria  y motivados únicamente por el afán de que sus alumnado pueda mejorar sus aprendizajes. Son defensores de su escuela pública, ocupados y preocupados por su alumnado. Y una muestra de estos últimos es la directora de esta revista, joven y entusiasmada con su trabajo. Así hay muchos docentes.


La Escuela Pública, ahora que ve reducidos sus recursos, ahora que ve como su principal función de integración, equidad y movilidad social puede verse sustituida por la de segregación y selección necesita de una defensa interna, hay que hacer evidente y visible su bondad, incluso para los que no piensan ni creen que esas sean sus funciones y tan solo buscan una “buena escuela” sea del tipo que sea. Pensar que la ciudadanía va a seleccionar para sus hijos una escuela pública por motivos ideológicos es una volátil ilusión, la ciudadanía elegirá, mayoritariamente, una u otra escuela en función de su calidad e imagen pública.


Y ahora es cuando más falta hace mostrar las bondades de nuestras escuelas públicas y no sus debilidades, que las tienen. Ahora necesitamos defenderlas como estrategia de defensa de la Escuela Pública.


Felicitaciones y gracias a la impulsora de esta revista y defensora de su escuela pública, Mirian López Serrano.



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